«Si Moisés volviera hoy y pidiera un trozo de pan, lo entenderían». – Con estas palabras describió el primer primer ministro del Estado de Israel, David Ben Gurión, la joven lengua nacional ivrit. Aunque el hebreo, con su origen en el I milenio a. C., es una lengua muy antigua, a finales del siglo XIX solo tenía ya un papel en la liturgia del judaísmo y, por su vocabulario limitado, no servía como lengua cotidiana.
Bajo la influencia de los movimientos nacionales europeos del siglo XIX surgió el movimiento sionista, cuyo sueño era un Estado propio para los judíos que vivían por todo el mundo. Por eso, una lengua común parecía una base importante para crear esa identidad nacional compartida.
Durante sus estudios en París, el periodista judío Eliezer Ben Yehuda se convirtió en un firme defensor de la construcción y el poblamiento de Palestina. En 1881, con 23 años, Ben Yehuda partió con su esposa hacia la Tierra Prometida. Tras desembarcar en Jaffa, se mudaron a Jerusalén. Desde el principio, Eliezer Ben Yehuda tuvo el firme propósito de educar a sus hijos exclusivamente en hebreo. Así, sus hijos fueron las primeras personas en muchos siglos que tuvieron el hebreo como lengua materna.
En los años siguientes, Eliezer Ben Yehuda trabajó en el primer diccionario de hebreo moderno. Gracias a este trabajo logró, en 1922, convencer al entonces alto comisionado del Mandato británico de Palestina de reconocer el hebreo, junto con el árabe y el inglés, como lengua oficial de Palestina. Sin duda, un paso importante para la fundación de un nuevo Estado. Finalmente, en 1948 llegó el momento y el hebreo se convirtió, junto con el árabe, en lengua oficial del joven Estado de Israel.
Un gran reto en la transformación de una lengua sagrada en una lengua cotidiana fue la creación de expresiones coloquiales. Estas palabras se tomaron sobre todo del ruso y del árabe, pero en parte también del inglés, el alemán, el yidis y el francés.
El alfabeto hebreo consta de 22 letras y, como el árabe, se escribe de derecha a izquierda. Lo especial de esta escritura es que es consonántica: las vocales tiene que añadirlas uno mismo al leer. Existen ciertos signos vocálicos que, en forma de puntos o rayas complementarios, indican la presencia de una vocal, pero estos signos suelen usarse solo en libros infantiles, diccionarios o textos religiosos.
Datos sobre la lengua hebrea (ivrit):
Foto: Jörn Witt
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